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Blog sobre acoso escolar
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Y finalmente comienzan las clases. ¿Con la leche templada y en cada canción?

26-02-2024

"Y... finalmente asistiremos a ese bendito momento en que las clases comiencen.

A ese bendito momento en que podamos dejar a nuestros hijos en ese importante recinto que es la escuela y podamos levantar la frente, mirar al cielo y respirar un sorbo de aire fresco, llamado dignidad, que nos otorga la vida, e ir a nuestro trabajo (en el caso de que tengamos la fortuna de tenerlo), sabiendo que nuestros hijos por fin serán alimentados con aquello que todo niño merece, que es la educación, la formación, la posibilidad de conocer, de pensar y, así, por fin, levantar su voz y elegir.

La posibilidad de decidir nos hace sujetos libres, nos pone sobre nuestros pies, y lo difícil del camino se alivia si podemos saber por qué damos cada paso y hacia dónde vamos.

Nuestros hijos cantarán el himno y entrarán en el recinto; el sol irrumpirá por las rendijas de una ventana que, si somos afortunados, tendrá sus vidrios limpios y no rotos, por donde no entre el frío, dejándolos a la intemperie del desamparo social.

La maestra o el maestro se ubicarán en el frente del aula y comenzará aquello que se conjuga en los inicios de todo acto libre: tener el derecho de aprender a pensar.

La mirada de la maestra estará impregnada por varios siglos de lucha. Será en ese instante en que se dirija a nuestros hijos, renovando una vez más su ilusión de pronunciarse en esa función que, más que función, es un apostolado.

En ese interjuego de escuela, familia y situaciones personales, se levantará el telón de todo lo que sucederá en el recinto del conocimiento.

Cada niño comenzará a escribir su historia personal diaria con su maestra, con su compañero de banco y con su grupo de amigos.

Desde todos los tiempos, la edad de los sueños, de las fantasías, de los juegos se ha visto entorpecida por situaciones internas propias y familiares de cada niño. Pero también a nivel externo a puertas afuera de casa, en la

inserción social que todo joven debe transitar, enmarcada fundamentalmente en la escuela, un elemento clave pilotea sin tregua las aulas de todos los niveles socioculturales y económicos: la tan mentada y difícil de minimizar violencia escolar, que irrumpe como una marea incontrolable en la vida de nuestros hijos.

Los chicos no saben realmente qué hacer con esas manifestaciones de crueldad que invaden su realidad social, su grupo de amigos. Pertenecer al grupo, a cualquier costo, se transforma en existir, en sentir que todo tiene o no sentido: el estudiar o no estudiar, el sacarse buenas o malas notas, y hasta a veces, si se ven privados de la posibilidad de sentirse mirados o valorados por su grupo, expresan claramente su deseo de no vivir.

Cuando nos acercábamos a las escuelas, los niños de diversos estratos sociales y culturales, en su mayoría (datos que podemos obtener en nuestro primer paso del método), querían hablar del día a día de su grupo de amigos, de las situaciones de violencia y dolor que vivían, y eso era lo que principalmente les preocupaba. Podríamos decir que solo de eso querían hablar.

Cómo escapar a la inexorable realidad de que nuestros hijos lleven a su grupo clase todo aquello que no compren- den y que eso se exprese en situaciones de violencia entre iguales, como ellos mismos dicen: “Rabias antiguas, que pasan de un año a otro, y que muchas veces no sabemos ni siquiera cómo han comenzado”.

Su necesidad de pertenecer a un grupo, al grupo de amigos, dicho por ellos mismos: “El grupo es mi vida”; “haría cualquier cosa con tal de estar con ellos”.

Al inexorable maltrato verbal, que deja huellas tan profundas que “rompe el corazón”, dicho por niños de 5 o 6 años, hoy se agrega una variable más, aún más dolorosa: el sentirse ignorados, enunciando: “Si ellos no me miran, si no quieren jugar conmigo, siento que no existo, que soy invisible”.

Cómo escapar al dolor de que nuestros hijos pongan en escena en su espacio social, que es la escuela, todo aquello que viven tanto en nuestras casas como en nuestras expresiones sociales y laborales y no entienden."

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