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Blog sobre acoso escolar
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El adolescente que es violento está asustado y pide límites

20-05-2013
Los chicos viven situaciones de violencia en la relación con su grupo de amigos, algo que se repite en distintos medios socioeconómicos y realidades socioculturales. Además, esta realidad se expresa desde edades cada vez más tempranas. Este panorama fue observado por la psicoanalista argentina Mónica Toscano, quien reside en Francia, a través de un trabajo de investigación y prevención realizado en Buenos Aires, Barcelona y París. Para el manejo del problema, la especialista propone a los adultos que escuchen en forma atenta a los adolescentes, que los respeten como sujetos libres e independientes y les pongan límites ordenadores y no autoritarios.

Recientemente se presentó en el marco de la Feria del Libro de Buenos Aires, “Adolescencia. Actuar antes de que los hechos sucedan”, la segunda edición del primer libro de Toscano, de lectura y comprensión accesibles para padres y docentes. En diálogo con Salud la profesional dio su mirada acerca de la problemática, que no sólo afecta a la Argentina sino también a otros países.

—¿Cuál es tu mirada sobre la violencia en la adolescencia, tanto en Argentina como en el exterior?
—De acuerdo a nuestro trabajo de investigación y prevención en el que participaron ya más de 10.000 chicos, de Buenos Aires, Barcelona y París, hemos podido observar que los chicos viven situaciones de miedos, de dolor en la relación con su grupo de amigos, de violencia verbal. Hemos podido observar también que estas situaciones se expresan desde edades cada vez más tempranas. Una de las cuestiones que más observamos en los colegios es que los chicos no se escuchan. Y se tratan entre sí como si fueran objetos. Pueden insultarse verbal o físicamente, ponerse motes y apodos. Cuando el chico entiende que no tiene derecho a tratar al otro como si fuera su esclavo o a maltratarlo, recién ahí empieza a minimizarse la violencia. A partir de ahí el joven puede ponerle un límite al que lo viene a maltratar a él.

—¿Qué estrategias propone para la prevención?
—Es fundamental la capacitación de los directores, los docentes y los padres para que puedan colaborar en el fortalecimiento de los chicos y para ello un concepto fundamental de todo nuestro trabajo es el de escucha. Escuchando a los chicos es que podemos empezar a brindarles respuestas y a colaborar con ellos para que puedan fortalecerse por ejemplo, frente a un tema que tanto les preocupa como es el de la influencia del grupo de amigos. La presión del grupo de amigos para que hagan cosas que a menudo no quieren hacer pero que, si no lo hacen, quedan excluidos del grupo y eso para un adolescente es una situación muy dolorosa. Nos dijo un adolescente de 13 años en un taller: “Estás solo, no tenés amigos, no sabés qué hacer. Es tanta la desesperación y la soledad que te mandás a hacerlo”. Para los chicos, quedar fuera de un grupo es casi como no existir. Pero las situaciones de presión del grupo para pertenecer a él, los peajes, las situaciones de violencia verbal y física que ejerce el grupo, no comienzan en la adolescencia sino mucho antes.

—¿Qué rol cumplen los padres, los maestros y la sociedad en general para revertir esta realidad? 
—Un rol fundamental. Tenemos que pasar de ser testigos pasivos de lo que no hacemos a ser activos en la prevención de la violencia. Y actuar significa estar atentos a los signos que los chicos siempre nos muestran. Pero estar atentos no significa ser intrusivos en la vida de nuestros hijos o de nuestros alumnos, sino respetarlos como sujetos libres e independientes. Muchas veces lo que sucede es que los adultos creemos que tenemos todas las respuestas con los chicos. Pero los chicos nos sorprenden con sus respuestas.

—¿Cómo deben actuar los padres para inculcarles límites a los jóvenes? 
—El concepto de límite es fundamental en la limitación de la violencia, pero no únicamente del maltrato hacia los otros sino también del ejercido hacia sí mismo. Es un punto de contención dicho por los mismos chicos, donde ellos se sienten cuidados. Ellos nos dicen en los talleres de prevención: “Si no me dicen qué está bien y qué está mal, no sé hasta donde puedo llegar. Los límites deben ser ordenadores, no autoritarios. Cuando es autoritario, genera una reacción de violencia, son aplicados por los padres y los docentes cuando, como dicen los docentes en Barcelona: “Hemos perdido los papeles. No sabemos por dónde seguir”. El chico, cuya violencia no ha sido limitada, tiene miedo y es fundamental que como padres, como sociedad, podamos ver que el que es violento es el que más asustado está.

—¿Si no se previene la violencia en la adolescencia, qué riesgos trae para la familia y la sociedad?  
—Si no se previene la violencia desde edades cada vez más tempranas, ésta se expresa en agresión hacia los otros y también hacia ellos mismos. Son los mismos chicos los que piden la intervención de los adultos y de la sociedad en la limitación de estas expresiones. Es muy riesgosa la normalización de la violencia y el hecho de que como sociedad nos acostumbremos a que los chicos queden presos de situaciones de este tipo entre iguales. Por eso convocamos a la conciencia social sobre este fenómeno y a poner en marcha redes de prevención.

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