Utilizamos cookies propias y de terceros para ofrecer nuestros servicios y recoger datos estadísticos. Continuar navegando implica su aceptación. Más información Aceptar

FAQs

Influencia del grupo de amigos. Miedo y violencia: acoso escolar

Entrevistador: Monica Toscano, especialista en adolescencia. Semana tras semana, nos va dando pautas para mejorar como padres y como educadores. Digo yo que algún adolescente también nos escuchará. Sería magnífico. No sabes la de comentarios que recibo, Monica, durante la semana, de tu espacio. Me dicen que es de lo más útil. Hay gente que hasta se lo graba en casa y se apunta los datos que vas ofreciendo aquí. El primer día que estuviste aquí, hablamos ya de acoso escolar, acosadores y acosados, de miedo en el entorno de los ami- gos, los compañeros de la escuela... Los adultos creemos que es nor- mal que un niño tenga miedo y consideramos que ese miedo se va con los años. ¿Esto es así?

Monica Toscano: Es así. Pero, para que el miedo se vaya, tenemos que trabajar los adultos. Si no, puede traer algunas complicaciones. El miedo es normal, como todos sabemos, en la infancia; el miedo es normal en la adolescencia. La infancia es el primer momento en que este miedo se expresa. Los niños tienen miedo a la soledad, a la oscuridad, a los monstruos; pero sobre todo tienen miedo a quedarse solos en la vida, a perder a los seres queridos de los cuales tanto dependen afectivamente, como son los padres. Si estos miedos son mínimamente entendidos... Esta es una tarea bastante difícil para los adultos, ya que a veces tenemos mucha premura en que a los chicos se les vayan los miedos, porque muchas veces no sabemos cómo desestructurarlos. Cuando se puede escuchar y desestructurar esos miedos, la cosa funciona y continúa más livianamente. Ahora, si esto no es así, si no se entienden ni desestructuran, se recrudecen en la adolescencia, que- dando como nosotros decimos muchas veces fijados.

E: ¿Existe una relación entre el acoso escolar y los miedos?

MT: Existe una profunda relación entre el acoso escolar y los miedos.

Una de las cosas que más nos han servido de nuestro trabajo de campo en los talleres es descubrir que cuando comenzamos a trabajar con los alumnos, con los chicos, sobre todo los más pequeños, de nueve a diez años, el líder que lastima verbalmente y que aparece diciendo lo que los otros no pueden decir; ese líder está idealizado por los niños y los adolescentes y aparece como inquebrantable. Parece no tener miedo, podría hacer lo que los otros temen... Cuando empezamos a ver y a mostrarles que ese líder está muy necesitado de que si él fuma todos fumen, o si él va a un lugar todos lo hagan, o si él insulta a un compañero todos tienen que hacerlo; cuando se empieza a cuestionar a ese líder y a ver que toda esta actitud es una máscara para ocultar su temor, las cosas empiezan a cambiar.

E: ¿Hablamos de enfrentamiento o no, de plantarle cara o no? ¿O de conocimiento del enemigo?

MT: Hablamos de conocimiento de aquel que me lastima.

E: Descubrir que el que nos acosa tiene tanto miedo como el acosado es primordial para empezar a resolver el problema.

MT: Exactamente, o muchas veces tiene más temor que el acosado. Nosotros hablábamos de miedos fijados. Podemos observar un tipo de miedo fijado en los chicos que se aíslan. Es el chico que se aísla, que no sale. Muchas veces nos preguntan: «¿Es típico de la adoles- cencia?». Sí lo es. Pero, cuando esto queda como enquistado, cuan- do el miedo inhibe la acción, empieza a ser el caldo de cultivo de otras situaciones. ¿De qué otras? De depresiones y a veces de adicciones. Muchas veces ese chico que está aislado coincide con la figura de la víctima acosada. Ese chico se aísla porque no puede salir a «plantarle cara», como tú has dicho, a ese líder negativo que permanentemente le dice que es él (el que va a la posición de víctima) el que teme, el que es inseguro.

E: Cuando llega el niño a casa y nos dice que ha sido víctima de un acosador y el padre le recomienda: «Pues tú haz lo mismo que te hagan».

MT: Ese es un error. ¿Por qué? Porque si nosotros incitamos a que todo este escenario de violencia engendre más violencia, vamos a cometer errores cada vez más graves. Como padres queremos siempre que nuestros hijos se defiendan, pero tenemos que llevar a un territorio fértil la defensa.

Una de las cosas que nos han servido en la investigación que hacemos en los talleres es mostrarle a ese adolescente acosado quién es y qué figura se esconde detrás del acosador. Son los mismos chicos, los mismos adolescentes que nos dicen: «Ella me obliga a mí a ir a esa fiesta porque no quiere ir sola. Entonces no soy yo quien tiene mie- do». Tenemos dos herramientas básicas para comenzar a hablar sobre esto. Una es fortalecer al chico que está en posición de víctima. Lo fortalecemos cuando comprende que él no es el único que teme, que no es el único inseguro.

Cuando el chico es acosado, agredido verbalmente, este tipo de agresión es muy fuerte porque la sociedad no es testigo de esto. Suponte que alguien pega, un golpe físico, hay un tutor, un docente que es testigo, puede decir: «Tú tendrás tal sanción». Pero cuando se acerca un chico a otro y lo golpea con la palabra, diciéndole: «Gordo. Fea. No eres inteligente. Tonto...», ese golpe puede dejar a nuestros hijos fuera de la concentración que necesitan en el colegio. Este tipo de acoso, donde la sociedad no es testigo, hace mucho daño. Sobre todo desconcentra, inhibe la capacidad intelectual, la capacidad de pen- sar y la afectiva.

E: Un consejo para los padres que se encuentran con esa situación de tener la víctima en casa. Después, también los padres que tienen el acosador en casa, que es un segundo problema, ¿no? Pero quien tenga el acosado, la víctima, no hay que contrarrestar jamás violencia con más violencia, eso quedó claro.

MT: Hay un paso anterior, que es bastante difícil. Cuesta bastante que los chicos hablen. Tenemos que ahondar en la problemática: «No te veo igual. Te ha cambiado el ánimo. Llegas a casa y te pones de malhumor...». Entonces los niños, como nos pasa en los talleres, empiezan a hablar.

En los guiones que escriben los chicos en los talleres, hay diálogos donde por ejemplo una madre le dice a la adolescente: «Pero ¿por qué no le podés decir que no a tu compañera para no ir a la fiesta?», y la hija le responde: «No te metas, mamá; no es tu tema...», cuando realmente la compañera lo que había hecho era amenazarla: «Si no venís a la fiesta, diré a todo el mundo que tal chico te gusta...». Entonces, el primer punto es insistir en escucharlos, sin ser intrusivos, observando si algo le está pasando.

E: Insistir para averiguar qué es. Unas malas notas pueden ser síntoma de eso. Bajo rendimiento.

MT: Son demandas de ayuda. Pero sobre todo (esto sí quiero aclarar- lo) no tenemos que averiguar siendo imprudentes, metiéndonos en la vida de nuestro hijo o nuestra hija. Debemos respetarlos como sujetos que son. Pero sí mostrarles que estamos para ayudarlos, para escucharlos. Entonces, una vez que se abrió ese espacio, mostrarle quién es, saber quién es el chico que lo está acosando. Qué es lo que le está haciendo y diciendo, asegurarle (esto es muy importante) que no lo vamos a traicionar. Porque una de las cosas que con justa razón los adolescentes temen de los adultos es que digamos por ejemplo: «Bueno, entonces voy a hablar con el profesor». «Voy a ir al colegio.» «Lo voy a hacer salir del colegio.» Ahí es donde no confían en nosotros.

E: Eso es lo peor. ¿Con quién hemos de hablar entonces?

MT: Primero, hablar con nuestro hijo. Después intentar que pueda, fortalecido, empezar a abrir un espacio con su palabra. Es decir, hacer- se escuchar. Ésta es una columna de la problemática, porque tenemos dos columnas fuertes en una pareja acosado-acosador. No pode- mos dejar de ocuparnos del acosador.

E: El acosador... Te interrumpo y te pido disculpas, Monica Toscano, pero creo que por ahí va la primera llamada. Entre las que se han producido escogemos algunas. Carmen, hola. Mucho gusto. ¿Me dicen que su hijo pega?

Oyente: Tiene cinco años. Sí, pega.

E: Él es el que acosa, vamos, el que pega.

O: Todo empezó al revés. En el caso de mi hijo, iba al colegio y le pegaban. Me siento bastante culpable porque una vez le habían mordido y le dije: «Bueno, defiéndete. Si un niño te hace esto, pues no te dejes». Desde ese punto fue, creo, que empezó a pegar a otros niños.

E: ¿Tiene cinco años? Ahora el problema lo tiene usted. Bueno, antes también, pero ahora peor.

O: Ahora vienen las madres a quejarse. O sea que está muy agresivo en el colegio. Nos han llamado la atención y todo. Realmente en casa no hay problema. Es que no me lo explico.

E: Monica, ¿es normal que en casa actúen muy distintamente que en la escuela?

MT: No es tan común que actúen distinto que en la escuela, creo que este tipo de manifestaciones en los niños las tenemos que observar con bastante agudeza.

E: ¿Cómo corta Carmen esta deriva que ha cogido?

MT: Ante todo te saludo, Carmen, y te agradezco la llamada. Tú nos dices que tu hijo comenzó él siendo golpeado. A él lo mordían y le dices: «Bueno, defiéndete», típica respuesta que hacemos todos los padres frente a situaciones que no podemos pensar más que querer ir a defender aquello que a nuestros hijos les hacen.

Uno de los puntos importantes es primero ver qué es lo que sucede en el colegio, con el grupo en el cual él está, y tomar la colaboración de los maestros para poder pensar de qué manera él puede ser ayudado. Comúnmente, cuando un chico cambia su humor o su esta- do de ánimo es porque hay alguna situación que no está comprendiendo. Una de las cosas que suceden puntualmente a esta edad, hablando de los miedos, es que hay algún temor que él no está tramitando. Probablemente algo lo esté asustando y él esté respondiendo con cierta violencia a ese miedo.

Creo que la colaboración de los docentes sería muy importante, y seguramente vas a tener la mayor de las colaboraciones de su parte, para poder ver qué es lo que está sucediendo en el colegio y poder entender cuál es el temor que él tiene, que está expresando a través de esta respuesta violenta.

E: Está claro. Un beso, Carmen. Muchas gracias.

O: Muchas gracias.

E: Contrarrestar violencia con violencia no funciona. Si tenemos un niño que golpea al otro como es el caso de Carmen, ¿sería extrapolable a otros casos de agresión, aunque sea verbal, lógicamente?

MT: Por supuesto. Vamos ahora ya a la adolescencia; porque, en el caso del hijito de Carmen, es todavía muy pequeño, y es muy probable que lo que haya son estos miedos típicos infantiles no entendidos, que hacen que se levante por la mañana sin haber dormido bien. A veces hay muchos niños que no duermen bien de noche porque pasan por lo que llamamos «los terrores nocturnos». No pueden des- cansar. Todo su estado de ánimo, todo su humor, todo su estado de concentración puede ser diferente en el colegio. De esto también los docentes saben mucho, de esos chiquitos que están desconcentrados porque hay algún temor que no ha sido entendido.

El otro punto es el acosador, pero ya en el recrudecimiento de esto en la adolescencia. También es un chico que tiene miedo al que no se ha limitado suficientemente esa violencia infantil. No hubo la internalización de un padre o una madre que le diga: «Esto no se hace. Así no se trata al otro». Una vez que la violencia está limitada, los chicos comienzan a tranquilizarse.

En el adolescente que pega, golpea o insulta, no ha existido generalmente esta internalización. Ya vamos a hablar bastante de la importancia de los límites.

E: Me estoy dando cuenta de que en la infancia se sientan las bases de todo el desarrollo de la personalidad futura. No resolverlo en la infancia sólo agudiza el problema, pero no se resuelve con el tiempo. O sea, nada se resuelve dejándolo pasar.

MT: Si no se entiende, tenemos que entender.

E: María al teléfono. Mucho gusto. Hola. Díganos.

Oyente: Hola, buenas tardes. Tengo un hijo que tiene catorce años y él no me lo ha dicho directamente, no sé si es porque no se atreve o... Últimamente lo veo nervioso, no quiere ver a sus amigos, no quiere salir y nos está insistiendo mucho que se quiere apuntar al gimnasio. Quiere hacer karate, taekuondo, algún tipo de defensa personal. A mí no me lo ha dicho y, cuando yo le pregunto, pues tampoco me quiere contestar.

E: ¿Usted cree que es para defenderse?

O: Exacto. Porque también he hablado con los profesores y dicen que algunas actitudes en clase o en el centro podrían llevar a pensarlo, puede ser que tenga algún enemigo.

MT: Buenas tardes, María. También le agradezco la llamada. Una de las cosas puntuales en las herramientas son los padres atentos.

Quiero decirle que es muy importante que usted esté atenta a esta conducta que por alguna razón le sorprende en su hijo. Esto es muy importante. Es muy probable que él esté buscando una manera de poner un límite externo a través del gimnasio. Esto lo lleva a una fortaleza física. Pero donde los tenemos que fortalecer es a nivel psíquico, es a nivel emocional.

Pero, no quiero dejar pasar esto: el acosador se presenta como un enemigo, pero observamos que muchas veces el acosador padece lo mismo que el acosado. Porque una de las cosas que nos parecen importantes es ver que el acosador también sufre y también pudo haber sido objeto de la violencia de otros. La mayoría de las veces el acosador fue acosado. Pero sí, con respecto a su hijo, creo que es importante que pueda entender hacia quién o para quién es esa preparación que él está teniendo. Si es una preparación para la vida o para un medio hostil, que no comprende y al cual hoy no sabe cómo responder, hay que tratar de saber qué es lo que le está sucediendo.

E: Que no se resuelve a golpes. María, muchas gracias. Marta nos llama. Me dicen que es profesora de niños con problemas. ¿Es así, Marta?

Oyente: Soy voluntaria en una escuela.

E: Supongo que de lo que está hablando Monica Toscano debe saber mucho también. Sobre todo por experiencia.

O: Sí. Lo que me encuentro es que tengo un montón de niños y adolescentes que son inmigrantes y pasan aquí muy poquito tiempo, por- que enseguida los devuelven a su país, que es una situación muy difícil ya para ellos. Se tratan entre ellos de forma muy violenta. Se insultan, se pegan, se gritan. Es una situación un poco extraña porque tampoco tienes mucho tiempo como para hacer un trabajo con ellos.

E: Estás sólo unos días y no sabes cómo dirigir...

O: Unos días, unas semanas, y en las condiciones en que llegan... Para sus familias son como una esperanza y se tienen que volver, y eso les genera una angustia y un sentimiento de fracaso y están fatal.

E: Está haciendo un trabajo magnífico, Marta. ¿Verdad, Monica?

MT: La verdad que sí, Marta. Felicitaciones. No es poco trabajar con niños que en esta edad, además, no tienen claro por dónde continuar, porque una de las cosas más difíciles es que uno de los temo- res más fuertes en la adolescencia es a lo diferente. Entonces, también en el tema de la inmigración, una de las cosas que tenemos que trabajar como sociedad es que el chico también ataca para diferenciarse de aquello diferente. Hay un mundo que él no entiende. Ni el niño que llega a un país distinto, con el dolor de haber dejado el suyo, ni el niño que lo recibe sin entender bien qué es lo que está sucediendo.

E: Por eso hay grupos de inmigración que forman tribus urbanas. Lógicamente.

MT: No es sencillo. No debemos estar aislados unos de otros, sino que debemos ayudar a nuestros hijos a integrarse en las diferencias y a enriquecerse con ellas, algo que, como sociedad, debemos aprender a hacer.

E: Gracias por venir, Monica. Felicidades.

MT: Gracias a vosotros por este espacio.


Libro de TOSCANO Monica, “Adolescencia. Actuar antes de que los hechos sucedan. Parámetros teórico-prácticos I del método MONICA TOSCANO PREVENTION IN ACT®” Capítulo Hacemos lugar a las voces de los padres. Respuestas en la radio. Edición revisada y actualizada. Barcelona, Maximum Prevention S.L. 2012.